La figura del impetuoso corso nacido como Napoleone di Buonaparte sigue dividiendo al mundo doscientos años después de su muerte, a los 51 años, desterrado en el insalubre fin del mundo atlántico de Santa Elena y víctima de un cáncer de estómago (o de un envenenamiento por arsénico, según la versión novelera). Sus admiradores lo recuerdan como un genio militar, que devolvió el orden a Francia tras el caos revolucionario. También ensalzan su capacidad jurídica, con el influyente Código Napoleónico, y lo saludan como un modernizador. Sus detractores vemos a un ególatra sanguinario, que sembró de muerte Europa a su mayor gloria. El inteligente Thomas Jefferson no lo tragaba: «Un miserable que provocó más dolor y sufrimiento al mundo que... Ver Más