“Les mostraron muchas tiendas y sombras ricas de muchas maneras de paño y de seda, y de otros paños (…) que eran maravillosas de ver, que por todas partes que hombre fuese, veía asaz hermosas tiendas”. De los muchos de prodigios que vio —y describió— en Samarcanda (en la actual Uzbekistán),el embajador castellano Ruy González de Clavijo no se ahorró adjetivos para calificar las lujosas yurtas que, en 1404, usaba la corte del conquistador Tamerlán. El glamping o camping de lujo dista mucho de ser un descubrimiento reciente, pero uno no puede evitar sentirse como aquel viajero de Embajada a la corte de Tamorlán cuando, 617 años después de su famosa aventura, entra en una tienda de campaña de dos plantas y 4,8 metros de altura. Solo que esto es Chiclana de la Frontera y no Samarcanda. Y que aquí no hay reyes ni guerreros en ruta, sino una empresa, Teacampa, que no para de crecer al albur de una técnica milenaria.

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