Francisco Nicolás Gómez Iglesias lleva años intentando que un tribunal lo considere “trastornado”. “Estoy en tratamiento psiquiátrico desde hace bastante”, aseguró este joven de 27 años con “carita de bueno” —Esperanza Aguirre (PP) dixit—, conocido popularmente como El Pequeño Nicolás, durante el juicio que lo sentó en el banquillo el pasado mayo por hacerse pasar por emisario del Rey en un viaje a Ribadeo (Lugo) en 2014. Ahora, dos meses después de aquella declaración y tras alegar lo mismo en otras dos vistas orales, la Audiencia Provincial de Madrid ha admitido su petición y, en la misma sentencia que lo condena esta semana a tres años de cárcel por usurpación de funciones públicas y cohecho, le aplica la atenuante de “alteración psíquica”. Una decisión que reduce las penas impuestas y que abre un nuevo escenario a su defensa, que esgrimirá este fallo en el resto de causas que tiene pendientes.

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