En enero de 2019, un tornado arrasó varios municipios de La Habana, principalmente Regla y Diez de Octubre, y dejó siete muertos, 10.000 desplazados y unas 8.000 viviendas afectadas. Además, provocó una revolución inédita en Cuba: por primera vez, la isla vio una movilización civil impulsada por los datos móviles, activados por el Gobierno solo un mes antes de ese desastre. La disponibilidad de Internet en los celulares hizo que la solidaridad ciudadana con las familias damnificadas fuera mayor que nunca. Durante meses la gente estuvo llevando donaciones a los barrios afectados. Acostumbrado a acaparar todas las ayudas y temiendo que eso fuera interpretado como un cuestionamiento a sus capacidades para lidiar con la catástrofe, el Gobierno quiso entonces ser el intermediario entre las personas necesitadas y las que querían donar. Pero le fue imposible monopolizar la solidaridad.

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